Mercedes-Benz ha arrancado la producción en serie de su motor eléctrico de flujo axial en la planta de Berlín-Marienfelde. Lo que antes parecía inviable a escala industrial ahora se fabrica con 98 etapas distintas, 65 de ellas nuevas para la compañía y 35 que simplemente no existían en el sector automovilístico. El resultado es un propulsor tan compacto que cabe en una mochila, con el motor delantero del AMG GT 4 puertas Coupé midiendo menos de nueve centímetros de ancho y los traseros alrededor de ocho.
Lo interesante de este diseño axial es que el flujo magnético circula paralelo al eje en lugar de perpendicular como en los motores radiales convencionales. Eso permite una densidad de potencia mucho mayor, lo que se traduce en tres unidades que entregan 1.169 CV y 2.000 Nm en el AMG GT eléctrico, con aceleración de 0 a 100 km/h en 2,1 segundos. Pero el verdadero cuello de botella siempre ha sido la fabricación, no la teoría.
Las bobinas del estator usan hilo de cobre rectangular en vez del redondo habitual para meter más cobre en el mismo espacio y elevar la potencia. El problema es doblar ese hilo a gran velocidad en radios minúsculos sin romper el aislamiento, algo que ha requerido un proceso industrial completamente nuevo. Luego viene la soldadura láser de alta precisión para unir los elementos de cobre en espacios reducidos sin dañar plásticos cercanos.
La inteligencia artificial entra en escena con sistemas ópticos que inspeccionan cada unión en tiempo real y verifican tolerancias automáticamente. La fase final, a la que Mercedes llama ‘matrimonio’, consiste en atrapar el estator entre dos rotores con imanes permanentes. Las fuerzas magnéticas alcanzan los 9 kN, equivalentes a unas 900 kg, pero la posición debe mantenerse dentro de 0,1 milímetros, con correcciones automáticas en las últimas décimas de segundo.
Este enfoque de usar IA para domar complejidades que hace una década parecían inabordables resuena directamente con el trabajo de tres investigadores españoles becados por la Fundación BBVA con Becas Leonardo. María Jesús Ledesma, Guillermo Lorenzo y Noelia Ferruz combinan sus backgrounds en ingeniería de caminos, telecomunicaciones y química para abrir caminos en medicina.
Ledesma, catedrática en la Universidad Politécnica de Madrid e investigadora del CIBER-BBN, lidera el desarrollo de un algoritmo que predice la respuesta a la inmunoterapia en pacientes con cáncer de pulmón. ‘Estamos ante un momento sin precedentes para la ciencia’, subrayan los tres, destacando cómo las herramientas actuales permiten análisis de datos y patrones con una eficiencia imposible antes.
Lo que realmente une estos campos es la confluencia de disciplinas. La misma capacidad de procesar información masiva que permite controlar tolerancias magnéticas de 0,1 mm en un motor sirve para detectar patrones en datos médicos que antes pasaban desapercibidos. YASA, la compañía británica que Mercedes adquirió en 2021, ya trabaja en una versión aún más ligera de 12,7 kg que entrega 1.020 CV pico y entre 350 y 400 kW de potencia continua.
Ana Zapiola, con trayectoria en Google y Satellogic y ahora coach de salud, lo plantea claramente en el último capítulo de Proyecto 122. El foco no debe estar solo en alargar la vida, sino en mejorar el ‘health span’, los años que vives en plenitud. ‘En vez del life span, el health span’, explica, y ve en la IA una herramienta clave para optimizar el bienestar cotidiano.
Esta visión encaja con los avances que convierten la IA en algo que trabaja en segundo plano para resolver problemas complejos, ya sea fabricando motores o prediciendo respuestas terapéuticas. El impacto de la inteligencia artificial en la vida diaria va más allá de los laboratorios y llega a decisiones personales sobre salud y longevidad.
Apple lleva esta idea de agentes que trabajan autónomamente al software de consumo en iOS 27, iPadOS 27 y macOS 27 Golden Gate, aunque solo en dispositivos compatibles con Apple Intelligence. La app Contraseñas puede ahora cambiar todas las contraseñas vulnerables con un solo botón, generando versiones seguras y guardándolas automáticamente. Funciona con sitios que tengan la API adecuada, como cuentas de Google.
En Safari la novedad se llama Notificarme o Recibir notificaciones según la plataforma. Describes en lenguaje natural qué cambio quieres monitorizar en una página web -un precio, la publicación de un artículo- y una IA agentica refresca en segundo plano con la frecuencia que indiques, avisándote cuando ocurre. No hace falta tener el navegador abierto, solo el dispositivo encendido.
También permite crear extensiones personalizadas describiendo lo que quieres en lenguaje natural, como una herramienta para guardar y puntuar recetas. Safari genera el código, que puedes revisar antes de instalar, eliminando la necesidad de saber programar o depender de desarrolladores externos. Estas funciones agenticas marcan un cambio hacia sistemas que resuelven tareas complejas sin intervención constante.
En paralelo, Google Earth ofrece desde su versión web un simulador de vuelo que hasta hace poco estaba más escondido. Accedes desde earth.google.com, abres el menú de herramientas y seleccionas Simulador de vuelo. Arranca desde la ubicación que estés explorando, se controla con ratón o teclas direccionales y permite sobrevolar cualquier parte del mundo de forma gratuita.
La simulación puede descontrolarse y terminar en estrellamiento, pero simplemente reinicias. Este tipo de herramientas accesibles reflejan cómo tecnologías que antes requerían hardware especializado ahora están al alcance de cualquiera. La misma capacidad de simular entornos complejos que ayuda en diseño de motores o escenarios médicos se convierte en una experiencia de navegador.
Desde la producción de motores axiales hasta agentes IA que gestionan tu navegador o predicen respuestas oncológicas, 2026 muestra un patrón claro. La inteligencia artificial no solo acelera el cálculo, sino que permite escalar soluciones que antes chocaban contra límites de fabricación, datos o accesibilidad.