El 14 de junio de 2026 Linus Torvalds anunció el lanzamiento de Linux 7.1 con una decisión que llevaba tiempo en el aire. El kernel retira el soporte para los procesadores Intel 486, la primera arquitectura de procesador eliminada desde el 386 en 2012. Se borran más de 140.000 líneas de código heredado, incluyendo las opciones Kconfig M486, M486SX y MELAN.
El parche, desarrollado por Ingo Molnar, recoge las palabras de Torvalds de que no existe ninguna razón real para que nadie dedique un segundo a mantener ese soporte. El 486 se lanzó en 1989 y dejó de fabricarse en 2007. Ninguna distribución Linux moderna lo soportaba ya en la práctica. El código mantenía emulación por software de hardware ausente como el TSC y la instrucción CMPXCHG8B, generando deuda técnica que complicaba cualquier modificación en el planificador o la gestión de memoria.
La limpieza va más allá. Linux 7.1 elimina también soporte para los procesadores Baikal rusos, el bus mouse antiguo, drivers ISDN obsoletos, el protocolo UDP-Lite y varios drivers PCMCIA. A cambio incorpora un driver NTFS nativo con lectura y escritura modernas que elimina la dependencia del módulo externo ntfs-3g. Intel FRED se activa por defecto para mejorar el manejo de excepciones e interrupciones, se añaden mejoras de rendimiento para Apple Silicon, correcciones de audio para Steam Deck OLED y una expansión de Landlock para mejor aislamiento de procesos en contenedores.
Esta eliminación de código obsoleto comparte ADN con la evolución de la inteligencia artificial en el código abierto. Comunidades distribuidas acumulan capas durante décadas hasta que mantener lo heredado cuesta más que cortarlo. Los inversores de Apple, cansados de las promesas de IA, exigen ahora resultados tangibles. El kernel de Linux corre en prácticamente todos los servidores de IA del mundo, por lo que mantenerlo limpio se ha convertido en cuestión estratégica.
El paquete de soberanía digital europeo de junio de 2026 refuerza esta visión al situar al software abierto como pilar de la independencia tecnológica. OpenKylin, el sistema chino basado en Linux, hereda automáticamente estas mejoras sin coste adicional.
La IA deja de ser solo infraestructura y empieza a desplegarse en sectores concretos. Sumauto, filial de Vocento que integra portales como AutoScout24, Autocasión, Unoauto y Renting Coches, ha lanzado Connect IA. Es el primer ecosistema de inteligencia artificial aplicado al sector de los clasificados del motor en España.
Diseñado específicamente para concesionarios, compraventas y profesionales del sector, Connect IA busca transformar la demanda de coches usados y nuevos mediante tecnología de vanguardia. En un mercado cada vez más digitalizado y competitivo, la velocidad de respuesta al cliente decide entre cerrar una venta o perderla para siempre.
A nivel de consumo, la IA también baja de precio. Carrefour ofrece la smart TV Hisense 50E79Q de 50 pulgadas con tecnología QLED por 299 euros, más un cupón del 15% para próximas compras. El panel 4K UHD usa Quantum Dot para colores más vivos y precisos que los LED tradicionales.
Su procesador Quad Core integra algoritmos de IA que escalan imagen desde fuentes de menor resolución, optimizan color y texturas en tiempo real. Soporta Dolby Vision, HDR, tres puertos HDMI 2.1 con eARC, ALLM y VRR a 60 Hz, sistema VIDAA para streaming y audio con 20 W RMS, Dolby MS12 y DTS X.
El panel QLED ofrece contraste notablemente mejor por este precio y la conectividad moderna ayuda con consolas. Sin embargo se queda en 60 Hz nativos, lo que limita el aprovechamiento de 120 fps, y VIDAA tiene un catálogo de apps más reducido que otras plataformas. Los ángulos de visión pueden distorsionar colores para quienes se sienten en los laterales del salón.
El rápido avance de estas tecnologías no pasa desapercibido para los reguladores. La EAU ha prohibido las redes sociales a los menores de 15 años. Mientras el kernel se limpia, las empresas reciben presión por resultados reales en IA y los productos con inteligencia artificial llegan tanto a concesionarios como a hogares, las sociedades comienzan a establecer límites claros sobre cómo y quién puede interactuar con plataformas cada vez más sofisticadas.