El ecosistema tecnológico sigue abrazando herramientas que se adaptan a la vida real de las personas. En este escenario, Dola (antes conocida como Cici) se ha convertido en la app de IA más descargada en gran parte de Latinoamérica, mostrando que una experiencia de usuario cercana y útil puede valer más que una simple promesa de potencia. Dola es una asistente de IA que se puede conversar por texto y que, además de responder, realiza búsquedas en la web, reescribe y traduce textos, resume información, genera informes o presentaciones y incluso programa código. También puede generar imágenes a partir de descripciones y permitir juegos de rol interpretando a personajes famosos o de ficción. Aunque compite con nombres conocidos como ChatGPT y Claude, su popularidad en México, Brasil y Argentina desciende de una combinación de interfaz humana y enfoque directo: te dice qué puede hacer y lo hace sin complicados menús.
La empresa detrás de Dola es poco conocida a nivel global y tiene su origen en Singapur, con la entidad Spring (SG) PTE, Limited. Dola se ofrece de forma gratuita hasta cierto límite de usos y está disponible para Windows, macOS, iOS y Android, con acceso también desde el navegador. En 2023 llegó a iOS y Android como Cici y, desde entonces, ha seguido evolucionando, ampliando su catálogo de funciones y su presencia comercial en la región. Parte del encanto reside en su avatar humanoide y en la filosofía de mostrar capacidades concretas cuando el usuario lo necesita, en lugar de hundirse en menús de opciones. Además, hay rumores sobre los modelos LLM que la alimentan: Google Gemini es uno de los motores, con una mención de que se utiliza un modelo específico no divulgado públicamente.
Este caso es un ejemplo claro de cómo una solución de IA puede volverse ubicua en una región sin ser un gigante estadounidense. Dola compite en un espacio donde los usuarios valoran la facilidad de uso, la generación de imágenes y la capacidad para adaptar el resultado al estilo deseado, además del componente lúdico de los role plays. En ese sentido, Dola aprovecha tendencias más amplias de IA generativa que no solo sirven para productividad, sino para creatividad y entretenimiento, consolidando una presencia regional frente a actores globales.
Más allá de la experiencia de usuario, otro signo de la revolución tecnológica es el debate sobre dónde ejecutan las IA. Un artículo reciente destaca la idea de la libertad real de la IA cuando el modelo puede correr en un equipo propio. Al ejecutar localmente, la IA cambia la privacidad, la latencia y la resiliencia, ya que los datos no salen a servidores ajenos, la respuesta llega más rápido y el sistema puede seguir funcionando ante interrupciones de conexión o cambios en políticas de uso. Esta visión complementa la conversación sobre IA como servicio y abre puertas a desarrollos que priorizan la autonomía del usuario y la seguridad de la información.
La evolución tecnológica también está atravesando un momento de reconfiguración de talento. Un informe sobre la fuga de investigadores de grandes laboratorios como Meta y Google hacia nuevas startups demuestra que el flujo de conocimiento está migrando desde los gigantes hacia laboratorios emergentes con fuertes apoyos de inversión. Solo en 2026, las nuevas firmas fundadas por exinvestigadores ya han captado miles de millones de dólares (aproximadamente 18.8 mil millones) para explorar líneas de investigación no priorizadas por los grandes laboratorios, como nuevas arquitecturas, agentes, interpretabilidad y aplicaciones verticales. Entre los ejemplos más sonados se encuentran Ineffable Intelligence, Recursive Superintelligence, AMI Labs, Periodic Labs, Ricursive Intelligence y Humans&, con rondas multimillonarias y equipos que ya cuentan con experiencia en antiguos proyectos de OpenAI, DeepMind, Anthropic, xAI y más. Este movimiento sugiere que la próxima ola de innovación podría venir de laboratorios independientes que buscan paradigmas alternativos al enfoque dominante de los modelos de lenguaje de gran tamaño.
La historia de estas nuevas firmas también pone de relieve una idea clave para la industria: la neutralidad y la confianza. Para clientes en sectores sensibles, la posibilidad de trabajar con un socio que no vea la propiedad intelectual como una pieza de negocio exclusiva puede ser decisiva. Así, el paisaje tecnológico deja de depender solo de las grandes plataformas para la IA generativa y abre la puerta a enfoques centrados en hardware, aprendizaje por refuerzo y herramientas de desarrollo más diversificadas.
En el plano práctico de la vida cotidiana, la tecnología también avanza en infraestructuras urbanas. En Madrid, el Metro está implementando un sistema de pago más ágil en tornos inteligentes: a partir de junio se podrán pagar billetes directamente en los torniquetes mediante tarjetas NFC, lectores de códigos QR y sistemas EMV (Visa, MasterCard, AMEX, entre otros). Este cambio no sustituye por completo las tarjetas existentes ni las soluciones de transporte actuales, ya que los tornos seguirán siendo compatibles con la Tarjeta de Transporte Público y con los títulos del CRTM. Además, conviven herramientas como Mi Tarjeta Transporte para digitalizar el abono en Google Wallet y validar con el móvil vía NFC, una opción que aún no está disponible para iOS en ese momento. Con alrededor de 900 tornos inteligentes por desplegar, la red busca una experiencia más rápida y fluida para los usuarios, marcando un paso importante en la digitalización de los pagos en el transporte público.
En conjunto, estas historias sintetizan un año en el que la tecnología se vuelve más cercana, más descentralizada y más integrada en la vida diaria. Desde asistentes de IA que se vuelven parte de la rutina cotidiana en Latinoamérica, hasta una nueva generación de laboratorios que exploran enfoques diferentes a los grandes modelos, pasando por la posibilidad de ejecutar IA en dispositivos locales y la modernización de pagos en el transporte urbano, el pulso del sector tech parece estar moviéndose hacia un futuro en el que la experiencia del usuario y la seguridad de los datos se vuelven protagonistas centrales.